Nos pasamos la vida buscando el amor. En nosotros mismos y en los demás. En realidad, todos nuestros esfuerzos en la vida pueden resumirse en esto, o en buscar la felicidad, que es, sencillamente, lo mismo.

Nuestro anhelo más profundo es encontrar esa persona con la que compartir nuestros sueños, ilusiones, alegrías y tristezas… Una persona a la que podamos dar lo mejor de nosotros mismos y con la que sentirnos apoyados, amados, acompañados y crecer…

Cuando el deseo genuino de compartir el amor que tenemos para dar es más grande que la necesidad imperiosa de ser amados, aparece la persona adecuada. No se trata tanto de encontrar a alguien que nos ame, sino de encontrar a quien podamos entregarle el amor que llevamos dentro. 

Le decimos a la vida: SI, estoy preparado para aprender a amar. Y entonces aparece el “maestro”… nuestra pareja adecuada.

Aprender a amar y crecer, son sinónimos. No puedes amar sino estás dispuesto a crecer cada día. Tienes que estar dispuesto y abierto a ver todo aquello que te está limitando y que te roba la libertad de ser tu mismo. El camino del amor te hace libre. Libre de tus propios condicionamientos y juicios sobre como deberían ser las cosas o como no deberían ser. Te libera de las ataduras de la exigencia, el orgullo y la arrogancia, el egoísmo, el juicio, las apariencias y el miedo. Y a cambio te entrega la aceptación incondicional, la comprensión, la compasión, la generosidad y finalmente el Amor absoluto que lo incluye todo.

Aprender a Amar a quien ya está en nuestra vida

Un hombre fué a visitar a un Sabio Consejero y le dijo que ya no quería a su mujer y que pensaba separarse.

El sabio lo escuchó, lo miró a los ojos y solamente dijo una palabra “AMALA”´- luego se calló -.

Pero es que no siento nada por ella…..

“AMALA” – repitió el Maestro -.

Y ante el desconcierto del visitante, después de un oportuno silencio, el viejo Sabio agregó lo siguiente:

AMAR es una decisión, no un sentimiento.

AMAR es dedicación y entrega.

AMAR es un verbo y el fruto de esa acción es el AMOR.

El AMOR es como un ejercicio de jardineria. Arranca lo que hace daño, prepara el terreno, siembra, se paciente, riega, procura y cuida.

Estate preparado porque habrá plagas, sequias o excesos de lluvia, más no por eso abandones tu jardin.

AMAR a tu pareja, significa aceptarla, valorarla, respetarla, darle tu amor.

Y todo esto te hará FELIZ.

Ocurre que cuando nuestra “pareja adecuada”, como fiel reflejo de nuestro interior, nos empieza a mostrar todas nuestras carencias, miedos y heridas, queremos salir corriendo. Empezamos a acusarle mentalmente, y seguramente verbalmente también, de ser el responsable de que todas esas carencias, miedos y heridas estén saliendo a la luz. Y creemos que debido a ello no podemos ser felices. Comenzamos a pensar que la mejor solución es abandonar la relación para dejar de confrontarnos con todo lo que está saliendo a la superficie. No queremos ver, ni ser responsables y nos olvidamos de que habíamos dicho SI al Amor.

Nos sentimos heridos, nos sentimos frustrados y pensamos que es el otro quien tiene que cambiar. Quizá imaginemos que, en algún otro lugar, existe una persona mejor para nosotros, que nos hemos equivocado. Y de esta manera, en nuestra ignorancia, perdemos la más bella oportunidad de trascender nuestras limitaciones y debilidades y de dar el gran salto hacia el amor verdadero. 

El único amor que sobrevive en el tiempo es aquel que deja de buscar a la persona ideal y se centra en aprender a amar al que tiene justo enfrente. Entonces no solo se conquista el amor verdadero, sino que cada paso del camino se convierte en una oportunidad de amar más y, por lo tanto, de ser más feliz. Y, por fin, vives en la tranquilidad y en la certeza absoluta de que no existe nadie mejor a quien amar que a quien no tienes que buscar más.

No es el otro quien tiene que hacerte feliz; lo que verdaderamente te hace feliz, es aprender a amar al otro tal y como es, incondicionalmente.

Si quieres que tu pareja te haga feliz, Ámala.

Por: Hugo Lega 

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